¿Hasta dónde puede crecer el salario mínimo en una economía de baja productividad?

27 de Febrero de 2026

 

Elaborado por: Jaime Urrego y Santiago Plata.

En Colombia el salario mínimo no es simplemente una cifra laboral, es una señal económica, una referencia social y un instrumento de política pública que atraviesa buena parte de la estructura productiva. Cada año su aumento concentra expectativas, tensiones y debates. Se le atribuye la capacidad de mejorar ingresos, reducir desigualdad y dinamizar el consumo. Sin embargo, la pregunta central no es solo cuánto debe aumentar, sino si la economía puede sostener ese aumento.

 

1. La brecha estructural, salario mínimo, productividad y realidad laboral

En Colombia no todos ganan el salario mínimo. Una proporción significativa de trabajadores gana menos de ese umbral, especialmente en la informalidad, mientras otra parte se ubica exactamente en ese nivel o apenas por encima. Esto convierte al salario mínimo en un precio económico clave, que afecta tanto a quienes lo reciben directamente como a quienes se ubican en su entorno inmediato. Cuando se incrementa, no solo cambia el ingreso de un grupo específico, cambia la estructura de costos en amplios segmentos del aparato productivo.

La primera tensión aparece cuando se compara el crecimiento del salario mínimo con el crecimiento de la productividad laboral. La productividad es cuánto produce en promedio cada trabajador. Es el fundamento que permite que los salarios aumenten sin generar desequilibrios. Si un trabajador produce más valor, la empresa puede pagar mejores salarios sin trasladar costos a precios ni reducir empleo.

Line chart of Colombia's structural gap 2015–2025; blue line near zero, green line rising to 2025.

 

Cuando ambas trayectorias se separan de manera persistente, surge una presión estructural. Si los salarios crecen más rápido que la productividad, el costo laboral por unidad producida aumenta. En el corto plazo puede mejorar el ingreso de algunos trabajadores, pero en el mediano plazo la economía debe absorber esa diferencia mediante ajustes en precios, márgenes empresariales, inversión o empleo formal. Esta discusión se profundiza cuando se observa la estructura real del mercado laboral colombiano.

Horizontal bar chart of employed people in Colombia by age group, December 2015.

 

Sin embargo, la evidencia muestra que más de 10 millones de trabajadores en Colombia ganan menos de un salario mínimo, reflejando la alta informalidad del país y la inestabilidad de ingresos de subsistencia que caracteriza a amplios segmentos del mercado laboral, concentrados en rangos bajos de ingreso. En este contexto, el salario mínimo no es un valor marginal en la economía colombiana, sino una referencia central que incide en contratos, tarifas, aportes y múltiples precios regulados. En un entorno de alta informalidad y baja productividad promedio, un aumento significativo del salario mínimo puede generar efectos diferenciados, favorece a quienes logran mantenerse en el empleo formal, pero también puede elevar las barreras de acceso para quienes se encuentran en el margen del mercado laboral.

 

2. Productividad, inflación y respuesta macroeconómica

El salario mínimo es necesario como piso institucional que protege ingresos básicos y limita la competencia basada en salarios excesivamente bajos. El problema no es su existencia, es su desconexión con la dinámica productiva.

La productividad es la única fuente sostenible de crecimiento del ingreso real. Aumenta cuando hay inversión en capital físico, adopción tecnológica, capacitación laboral, mejor organización empresarial, innovación y formalización productiva. Aumenta cuando se produce más con los mismos recursos o cuando se generan bienes y servicios de mayor valor agregado.

Sin productividad, los aumentos salariales se apoyan en una base productiva limitada. Esto puede traducirse en mayores costos empresariales que eventualmente se trasladan a precios o presionan el empleo.

La tercera gráfica permite observar cómo estas tensiones interactúan con la política macroeconómica.

Line chart of Colombia's annual inflation and monetary policy rate, 2015–2022.

 

 

Tras el episodio inflacionario reciente, el Banco de la República elevó la tasa de política monetaria a niveles históricamente altos para contener presiones sobre los precios. Cuando los costos aumentan y la inflación se acelera, la autoridad monetaria responde endureciendo las condiciones financieras. Tasas más altas encarecen el crédito, moderan el consumo y enfrían la actividad económica.

Así se configura una paradoja. Incrementar salarios mejora ingresos en el corto plazo, pero si esos incrementos no están respaldados por productividad, pueden generar presiones que terminan derivando en tasas más altas, menor dinamismo económico o ajustes en formalización.

 

Consideraciones finales, el salario mínimo sí, pero con sostenibilidad productiva

El salario mínimo es un instrumento indispensable como piso de dignidad laboral, pero no puede ser el único mecanismo de mejora del ingreso. Cuando sus aumentos se desconectan de la productividad, pueden generar efectos no deseados como mayor informalidad, presiones inflacionarias o un entorno macroeconómico más restrictivo. El verdadero debate no es cuánto aumentarlo cada año, sino cómo construir una economía capaz de sostener esos incrementos de manera consistente. Esto implica fortalecer capital humano, promover innovación, impulsar la formalización y elevar la inversión productiva. En última instancia, la sostenibilidad del ingreso depende menos del decreto anual y más de la capacidad estructural del país para producir más y mejor. Integrar salario mínimo y productividad no es una opción técnica, es la condición para un crecimiento justo y sostenible.