Karina Obando: ciencia que se adelanta al cambio climático para proteger vidas en Manabí

31 de Marzo de 2026
Man in beige short-sleeve shirt with chest pockets, standing by blue water.

Karina Obando es la responsable del laboratorio de entomología de la Zona 4 de Manabí, en el Ministerio de Salud Pública, en Manta.

Karina Obando es la responsable del laboratorio de entomología de la Zona 4 de Manabí, en el Ministerio de Salud Pública, en Manta.

Su jornada empieza a las 8:00, pero su misión comienza antes: con la convicción de que la ciencia también salva vidas, incluso cuando los recursos son limitados. En el laboratorio, Karina cuida colonias de mosquitos con precisión y constancia, asegurando condiciones óptimas para realizar pruebas que permiten anticiparse a riesgos en salud pública.

Parte de su trabajo es la vigilancia entomológica: ella y su equipo, colocan y revisan ovitrampas en puntos de entrada como el aeropuerto, el puerto y el terminal terrestre. Cada semana recogen ovitrampas o paletas, las procesan y confirman si hay presencia de especies circulantes o introducidas. Y cuando se reportan casos de enfermedades transmitidas por vectores, realiza aspiración de mosquitos para análisis de identificación de especies y la resistencia a insecticidas que son usados en salud pública, buscando evidencias que permitan actuar a tiempo.

Karina ha aprendido a hacer ciencia con ingenio: cuando faltan equipos o materiales, busca alternativas seguras y funcionales con elementos caseros, adapta recipientes, organiza soportes improvisados y optimiza cada insumo para que nada se desperdicie. Convierte los recursos limitados en un ejercicio de creatividad cotidiana: etiqueta, ordena, reutiliza, arma soluciones simples para mantener el laboratorio e insectarios en condiciones para sostener el trabajo con rigurosidad. Y lo hace con un entusiasmo contagioso, porque para ella el laboratorio no es solo un espacio técnico, es un lugar donde la pasión y la paciencia se vuelven resultados que protegen la salud de su gente.

Karina entiende que su labor está directamente conectada con el cambio climático. Con el aumento de la temperatura, el ciclo de los vectores puede acelerarse, expandirse y adaptarse. Por ello, su trabajo se convierte en una pieza clave para la adaptación en el sector salud: observar, medir, comprobar y actuar antes de que el riesgo se convierta en emergencia. Así, desde el laboratorio, contribuye de manera concreta a proteger vidas y aporta a la implementación del Plan Nacional de Adaptación, liderado por el Ministerio de Ambiente y Energía y acompañado por el PNUD.

Su mensaje a la ciudadanía es claro: la prevención empieza en casa. Revisar el patio, eliminar recipientes donde se acumule agua, cortar el ciclo antes de que empiece. Porque la primera línea de defensa también puede estar en lo cotidiano. 

Desde 2019, Karina ha convertido la curiosidad científica en servicio público. Le inspira descubrir la diversidad de especies y llegar a comunidades distintas en Manabí, incluso a lugares que a veces se sienten olvidados. Su trabajo no solo identifica vectores: también visibiliza necesidades y acerca soluciones.

Su motivación es sencilla y poderosa: los sueños se cumplen paso a paso, y el único enemigo suele ser la duda. Cuando el trabajo se hace con amor y propósito, el esfuerzo se transforma en impacto; en su caso, un impacto invaluable que se mide en la certeza de que, desde un laboratorio, una mujer puede ayudar a cambiar vidas. Así, historias como la de Karina reflejan cómo, a través del trabajo conjunto entre instituciones nacionales y aliados como el PNUD, la adaptación al cambio climático se convierte en acciones concretas que protegen vidas.