El cuidado no remunerado es fundamental para las sociedades pero perpetúa desigualdades, afectando principalmente a las mujeres
Cuando ´cuidar´ se convierte en desigualdad
12 de Agosto de 2025
La labor de cuidar recae mayormente en mujeres, quienes enfrentan precariedad laboral o jornadas invisibles y agotadoras, dentro y fuera del hogar.
En nuestras sociedades, las tareas de cuidado —atender a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad— siguen recayendo, casi siempre, en las familias. Y dentro de ellas, en su gran mayoría, en las mujeres.
Esta mirada tradicional oculta una verdad que deberíamos tener siempre presente: el cuidado no es solo una responsabilidad privada. Es una labor colectiva que debe ser compartida por el Estado, el sector privado y las comunidades.
Los cuidados no solo garantizan el bienestar diario de las personas; también son la base del desarrollo económico y social de los países. La CEPAL (2022) estima que el trabajo de cuidado no remunerado representa entre el 15.7% y el 24% del PIB en América Latina y el Caribe. Aun así, este trabajo sigue siendo invisibilizado y subvalorado, perpetuando desigualdades de género que parecen resistirse a desaparecer.
Como recuerda la autora Katrine Marçal: “No hay almuerzos gratis. A ello deberíamos añadir: no hay cuidados gratis”. [1] Y es cierto: cuando no hay servicios accesibles, alguien debe asumir esa responsabilidad. Ese “alguien” casi siempre es una mujer, que dedica tiempo, energía y habilidades a una tarea esencial… muchas veces sin remuneración ni reconocimiento.
El trabajo de cuidado puede ser remunerado o no, pero en ambos casos son, mayoritariamente, mujeres quienes lo realizan. Las que cobran por ello suelen enfrentar condiciones precarias: bajos salarios, jornadas interminables y poca o ninguna protección social. Las que lo hacen sin pago, a menudo no pueden acceder a un empleo formal o deben sobrellevar dobles o triples jornadas.
En Panamá, las cifras son elocuentes. Según la Encuesta del Tiempo del INEC (2011), las mujeres dedican 29 horas semanales a tareas domésticas, frente a 13 horas de los hombres. Una década después, la brecha sigue: en 2021, uno de cada cuatro hombres no realizaba ninguna tarea doméstica sin pago, mientras que esto solo ocurría en un 9% de las mujeres. Y más llamativo aún: el 30.1% de las mujeres dedicaba entre 5 y 8 horas diarias al cuidado de personas, frente al 20.4% de los hombres.
Esta desigualdad tiene consecuencias directas en las oportunidades económicas de las mujeres. Según la Encuesta de Mercado Laboral del INEC (2024), la tasa de participación económica femenina es del 52.4%, muy por debajo del 75.1% masculina. Y entre quienes están fuera del mercado laboral, el 27% de las mujeres dice no poder buscar empleo por falta de alguien que cuide a sus familiares, frente a solo el 1.3% de los hombres.
Reconocer el valor económico del cuidado es un paso importante, pero no suficiente. Necesitamos redistribuir de manera justa estas tareas: entre hombres y mujeres, y entre los diferentes actores sociales. El cuidado debe organizarse en todos los espacios —el hogar, la comunidad, el sector privado y el Estado— con un principio claro: la corresponsabilidad.
La incorporación de las mujeres en el mercado laboral formal no ha sido acompañada por una participación equivalente de los hombres en las tareas domésticas. Solo con un enfoque corresponsable y colectivo podremos construir sociedades más justas, donde el bienestar no dependa únicamente del tiempo y esfuerzo no remunerado de las mujeres, sino del compromiso de todos los actores que conforman la sociedad.
[1] Katrine Marçal (2016), ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Penguin Random House Grupo Editorial, España
Referencias:
- CEPAL (2022), La sociedad del cuidado. Horizonte para una recuperación sostenible con la igualdad de género: La sociedad del cuidad: horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género
- INEC (octubre 2024) - Encuesta de mercado laboral: Instituto Nacional de Estadística y Censo
- INEC (2011) – Encuesta del uso del tiempo Instituto Nacional de Estadística y Censo
- Katrine Marçal (2016), ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Penguin Random House Grupo Editorial, España