Pensar el futuro con las juventudes: prospectiva estratégica en Venezuela
7 de Abril de 2026
¿Qué pasaría si las y los jóvenes venezolanos pudieran diseñar el futuro que quieren habitar? Esta fue la pregunta que guio un proceso de prospectiva estratégica desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Venezuela entre agosto de 2025 y marzo de 2026.
Mediante la metodología Signal Studio, más de 300 jóvenes identificaron señales tempranas de cambio en su entorno, analizaron sus implicaciones para el futuro del país y formularon propuestas concretas de acción. Lo que comenzó como un ejercicio interno del PNUD se transformó progresivamente en un proceso abierto con universidades, instituciones públicas y comunidades en diferentes territorios de la nación.
El resultado no es un diagnóstico construido sobre la juventud, sino con ella.
¿Qué es un Signal Studio y por qué con juventudes?
Un Signal Studio es una metodología participativa empleada por el PNUD para el pensamiento anticipatorio. Su premisa es sencilla: el futuro ya está enviando señales. Estas señales que son hechos, tendencias emergentes, innovaciones y tensiones, pueden leerse en el presente si se sabe dónde mirar. Lo que distingue a esta herramienta es que quienes identifican y analizan esas señales no son analistas externos, sino las propias comunidades que viven los cambios.
El proceso se desarrolló en seis pasos. Las y los participantes identifican señales de cambio en su entorno: noticias, fenómenos sociales, avances tecnológicos, transformaciones políticas. Estas señales se organizan en clústeres temáticos. Los grupos socializan y debaten el banco de señales, seleccionan los clústeres con mayor impacto potencial y analizan sus implicaciones respondiendo tres preguntas: si esta tendencia se consolida, ¿cómo cambiaría Venezuela? ¿Qué significaría para las y los jóvenes? ¿Qué podemos hacer desde ahora? Cada grupo formula recomendaciones desde tres perspectivas: sector público, academia y sector privado.
La metodología Signal Studio se inscribe en el marco más amplio de la prospectiva estratégica del PNUD, específicamente en las herramientas de escaneo de horizonte y análisis de tendencias descritas en el Foresight Playbook. Lo que distingue al Signal Studio es que democratiza el proceso de escaneo: en lugar de depender de analistas especializados, son las propias comunidades quienes identifican, califican y analizan las señales. El proceso recoge los elementos centrales del escaneo que consiste en identificación, agrupación, interpretación y creación de sentido, pero los traduce a un formato participativo de tres a cuatro horas. Las señales identificadas abarcan desde señales débiles apenas perceptibles hasta tendencias emergentes que podrían consolidarse en los próximos años, siguiendo la progresión clásica de la prospectiva: señal débil → tema emergente → tendencia → megatendencia.
Aplicar esta metodología con juventudes tiene una razón estratégica: las personas jóvenes son quienes heredarán las consecuencias de las decisiones de hoy, pero también quienes están más expuestas a las señales de cambio que aún no han sido procesadas por las instituciones. Sus lecturas del presente contienen información que la planificación del desarrollo necesita.
De lo interno a lo abierto: cómo se construyó el proceso
El primer Signal Studio se realizó en agosto de 2025 como un ejercicio interno del PNUD Venezuela, con el grupo focal de jóvenes de la oficina. Fue el espacio que permitió probar la metodología, ajustar la facilitación y generar los primeros hallazgos. Los participantes identificaron señales sobre inteligencia artificial, migración, valores generacionales y salud mental, y analizaron cómo la transformación de las creencias colectivas y el deterioro del bienestar psicosocial se refuerzan mutuamente. Ese primer ejercicio confirmó que la metodología funcionaba y que las juventudes venezolanas tenían mucho que decir sobre su futuro.
A partir de esa experiencia, el proceso trascendió el ámbito institucional del PNUD. En noviembre de 2025, la Universidad Católica del Táchira (UCAT) y la Gobernación del estado Táchira, a través del Instituto Autónomo para el Desarrollo de la Economía Social del estado Táchira FUNDESTA, realizaron un Signal Studio piloto con 25 jóvenes universitarios y funcionarios públicos en San Cristóbal. Fue la primera vez que la metodología se aplicaba fuera del PNUD, en articulación con una universidad y una institución pública regional.
El piloto demostró que el proceso era replicable y escalable. A partir de allí, se realizaron Signal Studios en la Universidad de Los Andes (ULA) Núcleo Táchira, la Universidad Politécnica Territorial Agroindustrial del Estado Táchira (UPTAIET), la Universidad Politécnica Territorial del Norte del Táchira "Manuela Sáenz" (UPNTMS) en La Fría, y con UNIANDES A.C. en San Rafael del Piñal.
Posteriormente, se realizó un Signal Studio en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV-FACES) en Caracas, con co-facilitación de jóvenes de FUNDESTA y la UCAT, evidenciando que la articulación construida en el Táchira se proyectó también hacia la capital.
En total: ocho Signal Studios, siete instituciones articuladas, más de 300 jóvenes participantes, más de 180 señales identificadas y 40 clústeres temáticos. La participación incluyó representación de personas indígenas y personas con discapacidad, enriqueciendo la diversidad de voces y perspectivas en cada ejercicio. Un rasgo particularmente valioso fue el efecto multiplicador: varios participantes de los primeros ejercicios asumieron roles como facilitadores en los posteriores, consolidando una red de juventudes capaz de guiar a otros en el pensamiento anticipatorio.
Lo que las señales nos dicen
Cartografía de señales
Juventudes Venezuela · Signal Studios 2025–2026
Del análisis transversal de los ocho Signal Studios emergen patrones que se repitieron de forma consistente, independientemente del territorio, la institución o el perfil de los participantes. El proceso de agrupación de señales en clústeres temáticos funcionó como un ejercicio simplificado de mapeo de fuerzas motrices (driver mapping), donde los participantes identificaron no solo eventos aislados sino las fuerzas subyacentes de cambio que los generan.
Empleo, salud mental e inclusión forman un sistema interdependiente. Este es el hallazgo central del proceso. Las y los jóvenes no ven el empleo, el bienestar emocional y la inclusión como agendas separadas, sino como un sistema que se potencia mutuamente: cuando se garantiza la inclusión, se amplía el acceso al empleo y a la educación; cuando el empleo ofrece dignidad, mejora el bienestar emocional y el arraigo; cuando la salud mental se cuida, aumenta la productividad y la participación. En términos prospectivos, esto significa que estos tres ejes no son tendencias paralelas sino drivers interconectados cuya interacción define el espacio de futuros posibles para la juventud venezolana y señala que las intervenciones más efectivas son las que abordan estos ejes de forma integrada.
El empleo como motor de proyecto de vida. Los jóvenes señalaron que el empleo puede volver a ser el eje del arraigo territorial y la movilidad social, pero para ello necesita reconectarse con la formación, ofrecer condiciones dignas y abrir rutas reales de primer empleo. En contextos fronterizos, esta reconexión tiene un componente binacional que representa una oportunidad concreta. Los participantes también identificaron formas emergentes de economía digital e informal que están reconfigurando la inserción laboral juvenil y que pueden ser potenciadas con el acompañamiento adecuado.
La salud mental es una variable estratégica del desarrollo. Los Signal Studios coincidieron en señalar que el bienestar emocional condiciona la capacidad de estudiar, trabajar, tomar decisiones y planificar a largo plazo. Los jóvenes lo plantearon con claridad: la salud mental ha dejado de ser un tema privado para convertirse en un asunto público, y existe una ventana de oportunidad para posicionarla como eje transversal de las políticas de juventud, educación y empleo. Desestigmatizar el cuidado psicológico, ampliar los servicios de atención y formar promotores de bienestar entre los propios jóvenes fueron algunas de las rutas propuestas.
La inclusión como condición habilitante. Los jóvenes articularon una visión amplia e interseccional de la inclusión: discapacidad, género, orientación sexual, condición migratoria, personas retornadas y comunidades históricamente subrepresentadas. Una Venezuela más inclusiva sería también una Venezuela con más confianza, menos conflictos interpersonales y mayor participación.
Los valores y las creencias están en transformación — y eso abre posibilidades. Las nuevas generaciones están reconfigurando su relación con el trabajo, las instituciones, la tecnología y la participación. Esto plantea desafíos como la necesidad de fortalecer la confianza intergeneracional y la alfabetización mediática frente a redes sociales, pero también abre espacio para nuevos liderazgos, formas de organización horizontal y una cultura de cuidado y empatía que los propios jóvenes están impulsando.
La transformación digital como oportunidad para la inserción laboral juvenil. La inteligencia artificial, el emprendimiento digital y las nuevas formas de economía digital están reconfigurando el mundo del trabajo. Los jóvenes identificaron en esta transformación una oportunidad concreta: quienes desarrollan habilidades digitales y capacidad de adaptación pueden acceder a mercados laborales que trascienden las limitaciones geográficas y conectarse con oportunidades locales, nacionales e internacionales.
La condición fronteriza como ventaja estratégica. En territorios fronterizos, la conectividad binacional, la diversidad cultural y el acceso a mercados son activos que pueden convertirse en motor de innovación y desarrollo. Los jóvenes del Táchira visualizaron su territorio como un potencial hub de innovación digital binacional, donde la cooperación transfronteriza y la formación de capacidades pueden generar oportunidades que hoy están en desarrollo.
Los jóvenes son arquitectos, no espectadores. En los ocho Signal Studios, las y los participantes demostraron que entienden las dinámicas que los afectan y tienen propuestas concretas. No se posicionaron como beneficiarios pasivos, sino como co-diseñadores del desarrollo. El arraigo territorial no se impone: se construye, creando las condiciones para que quedarse sea una opción viable y deseada.
Del diagnóstico a la acción
Los Signal Studios no se limitaron al análisis. Cada grupo formuló recomendaciones organizadas por sector. Desde el sector público, las y los jóvenes propusieron políticas de empleo juvenil con enfoque territorial, programas de primer empleo, rutas de protección laboral, política de salud mental juvenil y transversalización de la inclusión. Desde la academia, plantearon actualización curricular alineada al mercado local, formación dual estudio-trabajo, investigación aplicada, educación emocional y formación de promotores de bienestar psicosocial. Desde el sector privado y la sociedad civil, destacaron la formalización progresiva del empleo, inversión en sectores emergentes, jornadas de atención psicológica y campañas de sensibilización.
Una metodología que se escala
Uno de los aprendizajes más valiosos es que la metodología Signal Studio puede escalarse sin perder rigor. Lo que comenzó como un ejercicio interno del PNUD se transformó en ocho sesiones con más de 300 jóvenes en siete instituciones de dos territorios del país. Los propios jóvenes pasaron de participantes a facilitadores, multiplicando el alcance del proceso.
Las más de 180 señales, los 40 clústeres y las recomendaciones formuladas por las propias personas jóvenes son un insumo estratégico para la planificación del desarrollo con enfoque de juventud en Venezuela.
El futuro ya está enviando señales.
Las juventudes venezolanas ya están construyendo el presente que desean.
Escrito por: Peter Ibarra, Asociado de Gerencia y Laura Figueroa, Asociada Administrativa de Proyecto. PNUD Venezuela.
Las sesiones de Signal Studios fueron realizadas con el apoyo de: Juan Felipe Yepes – Fellow de Futuros PNUD.