Cocinas comunitarias, un espacio para la cohesión social de las comunidades indígenas
18 de Febrero de 2025

Amplias laderas de sembríos y huertas de habas, papas y otros productos andinos florecen en este inicio de invierno, creando un paisaje vibrante de verdes y marrones, salpicado por las flores amarillas de los nabos y las moradas de los chochos, productos nativos de la sierra ecuatoriana. Esta colorida estampa, junto con la frescura de la temporada, nos da la bienvenida a Miraloma, una comunidad kichwa Puruhá situada en la parroquia de Punín, en Riobamba, provincia de Chimborazo.
Desde tiempos inmemorables, los espacios comunitarios son lugares de encuentro, donde se fortalece el tejido social con la participación de las mujeres, quienes desempeñan un rol clave en la transmisión de los saberes ancestrales, el cuidado de los recursos naturales y el fortalecimiento de las redes comunitarias.
Mujeres que sostienen la vida de sus comunidades
Aquí, doce mujeres kichwa se reúnen para participar de una jornada de cocina comunitaria. Algunas de ellas son madres y abuelas que con sus guaguas a la espalda o en brazos colaboran en la elaboración de una novedosa receta a base de quinua acompañada de una colada de amaranto.
Sus hijas, hijos, nietas y nietos de edades entre tres a diez años asisten a la “Escuela Consolata 92”, donde la mayoría habla kichwa, una lengua ancestral reconocida como uno de los tres idiomas oficiales de Ecuador en la Constitución de la República (2008). “aycha quinuata- carne de quinua-”, “amaranto mikunkapa apipimi kan – es colada de amaranto para comer-”wawakunapakmi kan -para los guaguas es-” “yachankapak -para aprender-”, son algunas de las expresiones que se escuchan entre susurros y risas mientras comienza el proceso de cocina.
Estas acciones forman parte de "Cocinas Comunitarias", una iniciativa liderada por la Dirección de Desarrollo Social y Humano del Gobierno Autónomo Descentralizado de Riobamba, que contó con la asistencia técnica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Ecuador (PNUD). Este acompañamiento se realizó mediante la consultoría denominada "Fortalecimiento de la cohesión social en el marco del proyecto Cocinas Comunitarias del GAD Municipal de Riobamba”, enmarcado en el proyecto del PNUD, “Diálogo intercultural y prevención de conflictos con enfoque de género en Ecuador”. Su objetivo es proveer insumos relacionados al patrimonio alimentario e identidad cultural y así fortalecer los lazos comunitarios.
“Como PNUD buscamos levantar información sobre los alimentos nativos que se producen localmente, así como de las dinámicas sociales y comunitarias que existen alrededor de la producción de los alimentos de la zona. Contar con información bajo un enfoque intercultural permite generar insumos y herramientas que aporten al desarrollo de la comunidad, asegurando que las personas y la naturaleza se ubiquen en el centro de las decisiones”, afirma, Tamia Quilumbaquí, especialista en interculturalidad y derechos colectivos del proyecto “Diálogo intercultural y prevención de conflictos con enfoque de género en Ecuador”.
Las prácticas culturales asociadas a la alimentación no solo garantizan la seguridad alimentaria, sino que también promueven la identidad cultural y fortalecen el sentido de pertenencia al territorio. El trabajo comunitario de las comunidades es esencial por ser espacios donde se establece el diálogo y la cooperación. La minka, por ejemplo, es una conocida práctica colectiva de los pueblos indígenas, en el que la comunidad trabaja unida y organizada en beneficio común.
En una de las aulas de la escuela, este grupo de mujeres conversa animadamente sobre el bienestar de sus familias, los acuerdos recientes de las reuniones comunitarias y sus propuestas para mejorar las condiciones de su comunidad. Además, reflexionan sobre su rol en el seguimiento y liderazgo de estos acuerdos, reafirmando su compromiso con el desarrollo local. Al mismo tiempo, comparten sus responsabilidades diarias, desde el trabajo en el huerto y el cuidado de los animales hasta la preparación de los alimentos, demostrando su capacidad de organización y su contribución fundamental al bienestar colectivo.
Cuando se reúnen en la cocina, su interacción genera un ambiente de colaboración y apoyo mutuo. Este espacio se convierte en un lugar donde comparten información sobre lo que sucede en la comunidad mientras preparan juntas los alimentos, fortaleciendo lazos y generando un sentido de solidaridad.
Su comida favorita, un reflejo de la tradición
Mientras las mujeres están en la cocina, sus guaguas participan de un taller de cocina saludable junto a sus profesores y parte del equipo del GAD de Riobamba. Allí, exploran temas como las mochilas escolares, el consumo de agua y la higiene de los alimentos. Durante su presentación, cada uno dice su nombre y su comida favorita. La mayoría de guaguas responden con confianza, y se repiten, en varias ocasiones:"cuy con papas", "sopa de quinua" y "locro de cuy".
“Me llamo Andrés Punchay y me gusta comer cuy con papas”, dice con un tono alegre uno de los guaguas ante sus compañeras/os.
Hablar de la comida es hablar de la memoria colectiva de la zona, donde en cada celebración o fecha importante se prepara un plato con cuy, especialmente el cuy con papas. En espacios como las mingas, o reuniones de trabajo comunitarias, también se comparten papas con habas, mellocos y otros productos locales en una pampamesa o mesa común, creando un ambiente de unión y comunidad.
"La alimentación, más allá de ser una fuente de nutrición para el cuerpo, es un hecho social que fomenta las relaciones personales y el tejido comunitario. Al comer juntos, fortalecemos la comunidad; al cocinar juntos, cultivamos lazos de solidaridad; y al cosechar juntos, promovemos la reciprocidad entre las personas”, manifiesta Cristina Balseca, consultora que acompaña el proceso mediante una investigación sobre el alimento como elemento cohesionador de las comunidades.
El primer hervor de la colada de amaranto señala que la hora de la comida se acerca. Las mujeres se mueven de un lado a otro, ajustando los últimos detalles con gran esmero. Finalmente, se reúnen todos y reciben con alegría y asombro el tan esperado plato.
Disfrutan y comparten, asegurándose de que todas las personas, incluidos las y los invitados, tengan algo para servirse. Algunas de ellas levantan a sus guaguas más pequeños en brazos y dan la primera mordida a la hamburguesa de quinua; convencidas del sabor, continúan disfrutando de la comida.
La jornada comunitaria llega a su fin, pero el día continúa para muchas de ellas. La comida restante se divide entre quienes colaboraron. Con sus chalinas y manteles, la envuelven para llevarla a casa y compartirla con sus familias.
María Susana y sus guaguas
Cerca de la escuela, vive María Susana y su familia, quienes principalmente se dedican a la agricultura y crianza de animales. Susana se encarga del cuidado y crianza de sus dos hijos: Adrián y Matías. Adrián, el mayor, tiene siete años y asiste a la escuela de forma regular.
María Susana es la única mujer en su familia, dedica gran parte de su tiempo a la crianza de animales como pollos, vacas y borregos, así como a labrar la tierra y a otras labores del hogar. Su sueño es que su familia esté bien y que sus hijos estudien y aprendan mucho.
En un día normal, por la mañana, prepara el desayuno mientras alista a su hijo mayor para la escuela y cuida de su bebé -Matías- de dos años, a quien lleva en la espalda envuelto en una manta para poder continuar con sus tareas.
María Susana, disfruta mucho de los espacios comunitarios, como las mingas y las cocinas comunitarias, donde se reúne con otras mujeres para conversar sobre los tiempos de siembra, cosecha y lo que sucede en la zona. Tiene facilidad de palabra, especialmente al hablar en kichwa, y comparte un carisma alegre y risueño con quienes la conocen.
En el huerto de María Susana abundan las acelgas a las que ha encontrado muchas formas de prepararlas y combinarlas con otros platos. “Hacemos sopa de machica con acelga, harina de arveja con acelga, y a veces hacemos mezclas con arroz, acelga, col y pollo, o con huevos de campo o en sopas. A mí me gusta la colada de arveja porque mi abuelita me daba así”, menciona María Susana.
Estos espacios en los hogares, además de promover la seguridad alimentaria, ayudan a reducir los gastos en alimentación, fomentan el consumo de productos locales y fortalecen la unión entre familias y comunidades.

Huertos que alimentan la esperanza y la ancestralidad
Una de las prácticas más comunes en la comunidad es la siembra de hortalizas en pequeños huertos. Acelgas, nabos, zanahorias y habas son algunos de los productos que crecen en esta tierra de color negro intenso, caracterizada por sus propiedades para la agricultura. A lo lejos grandes estructuras blancas de plástico lo confirman. Son plantaciones e invernaderos dedicados a la producción masiva de rosas u otros vegetales para la comercialización.
Al igual que muchas personas de la comunidad, María Susana y su familia se esfuerzan por preservar sus costumbres y tradiciones en la alimentación, así como en las dinámicas relacionadas con esta actividad, como la preparación de la tierra, la siembra, la cosecha y la elaboración de los alimentos, tal como lo hacían sus madres, padres, abuelos y abuelas.
En el huerto de María Susana abundan las acelgas a las que ha encontrado muchas formas de prepararlas y combinarlas con otros platos. “Hacemos sopa de machica con acelga, harina de arveja con acelga, y a veces hacemos mezclas con arroz, acelga, col y pollo, o con huevos de campo o en sopas. A mí me gusta la colada de arveja porque mi abuelita me daba así”, menciona María Susana.
Estos espacios en los hogares, además de promover la seguridad alimentaria, ayudan a reducir los gastos en alimentación, fomentan el consumo de productos locales y fortalecen la unión entre familias y comunidades.
La cohesión social, un compromiso por la paz
Para el PNUD garantizar la convivencia pacífica es un imperativo para el desarrollo. El diálogo intercultural juega un papel fundamental, ya que promueve la comprensión mutua, la inclusión y el respeto entre distintos grupos de la sociedad, previniendo la derivación violenta de los conflictos y favoreciendo el trabajo conjunto en la construcción de una sociedad más cohesionada y equitativa. Además, puede fortalecer los vínculos, las conexiones y la confianza entre personas, grupos e instituciones, contribuyendo así a la creación de sociedades pacíficas y más democráticas. En este marco, el proyecto “Diálogo intercultural y prevención de conflictos con enfoque de género en Ecuador” que ejecuta el PNUD con el apoyo del Gobierno de Canadá busca fortalecer las capacidades nacionales y locales para el diálogo intercultural y la prevención y resolución de conflictos. Para ello, colabora con distintos actores a nivel local con quienes se han abierto espacios de formación, se ha compartido aprendizajes y se han desarrollado acciones conjuntas que, como el proyecto de "Cocinas comunitarias", con el GAD de Riobamba, son aportes reales para la promoción de paz, la construcción de consensos y el desarrollo incluyente que "no deje a nadie atrás".
Sobre esta iniciativa
El Gobierno Autónomo Descentralizado del cantón de Riobamba implementa la iniciativa “Cocinas comunitarias”, cuyo propósito es promover el acceso a alimentos nutritivos, la educación en nutrición y fortalecer la cultura y las relaciones comunitarias. El municipio a través de esta iniciativa colabora con las comunidades y sus autoridades para generar espacios comunitarios de encuentro y aprendizaje sobre la alimentación y los conocimientos y prácticas comunitarias alrededor de la producción y conservación de alimentos andinos. Con esta iniciativa se beneficia a comunidades de áreas urbanas y rurales, con énfasis en grupos prioritarios y sus familias.